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El Cuaderno de Juego · Mayo — El triángulo de la crianza biológica

Semana 34

El velo de flor

Una capa de levaduras vivas que flota sobre el vino, lo tapa del aire y se come su alcohol y su glicerina. De la manzanilla de Sanlúcar y el fino de Jerez al vin jaune de Château-Chalon.

Vista cenital por la boca de una bota de roble americano en una bodega de Jerez: una película arrugada de velo de flor color crema flotando sobre vino dorado pálido

Sobre la albariza pusimos el esqueleto. Ahora, lo que hace único al fino y a la manzanilla: una capa de levaduras vivas que se forma sola en la superficie del vino dentro de la bota. No se hunde: flota. Y desde ahí tapa el vino del aire y se lo va comiendo por dentro —el alcohol, la glicerina— para dejarlo seco, pálido y salino como ningún otro blanco del mundo. A esto se le llama crianza biológica, y es lo contrario de dejar que un vino evolucione con el oxígeno.

El velo de flor es un bicho que se come el vino para protegerlo. Le quita cuerpo y le da nervio, y lo mantiene del color del oro pálido durante años.

Infografía del tema: el milagro del velo de flor. La teoría al grano —levaduras filmógenas: cepas de Saccharomyces que flotan creando una manta protectora; el escudo contra el oxígeno: el velo aísla el vino del aire e impide la oxidación mientras la levadura respira; y el metabolismo: la levadura consume etanol, glicerina y ácido acético y los transforma en acetaldehído, de aroma punzante—. El mapa y el reto: Jerez y Sanlúcar frente a Château-Chalon, con el Marco de Jerez como epicentro y el Jura francés compartiendo el fenómeno; y el reto de comparar la frescura de un fino joven con la complejidad estructurada de una manzanilla pasada. Juego Le Nez du Vin: masa madre y manzana verde, con cuidado del defecto a pegamento. Guía de descriptores: masa madre y pan por autólisis de levaduras; manzana verde por acetaldehído controlado; pegamento y barniz por acetato de etilo, aroma químico de levaduras indeseables.

Teoría al grano: cómo vive el velo

Quién es y cuándo aparece

Son cepas de Saccharomyces cerevisiae —las mismas que fermentan el vino, en otra fase de su vida— que se agrupan formando una película en la superficie. Para que salga y aguante hacen falta varias cosas a la vez: vino seco (sin azúcar), alrededor de 15 % de alcohol, la bota llena solo cinco sextas partes —dejando una cámara de aire para que la levadura respire—, temperatura de 15 a 20 °C y mucha humedad. Por encima de 16,5 % de alcohol el velo se muere: por eso al oloroso se le encabeza a más grado a propósito, para que no críe flor y evolucione con el aire.

El escudo que come alcohol

El velo trabaja con oxígeno (el de la cámara de aire), pero se lo queda todo él y no deja que llegue al vino. Por eso el fino y la manzanilla siguen pálidos y limones años después, mientras un oloroso se pone caoba. Y para vivir en ese medio hostil —mucho alcohol, casi sin nutrientes— la levadura consume etanol (el vino pierde medio grado o más al año), glicerina (adiós al cuerpo y a la untuosidad: sequedad extrema) y ácido acético. A cambio suelta acetaldehído, el aroma punzante a manzana verde que define el estilo, y con la autólisis cede aromas de pan y masa madre.

Las cuatro floraciones

El velo no es constante. Crece con fuerza en primavera y en otoño, y se afina en el frío del invierno y en el calor del verano. Son las cuatro «floraciones» del año, y la bodega juega con ellas.

El mapa: Sanlúcar, Jerez y Château-Chalon

Tres sitios donde el mismo fenómeno da vinos distintos.

Manzanilla (Sanlúcar de Barrameda). Es un fino criado junto a la desembocadura del Guadalquivir y al Atlántico. La humedad y las temperaturas suaves mantienen el velo grueso y vivo todo el año: la manzanilla sale más fina, más salina y con ese punto a camomila del que le viene el nombre. Cuando se cría de más y el velo empieza a flaquear, asoman los frutos secos: es la manzanilla pasada.

Fino (Jerez). Tierra adentro hace más calor, el velo se adelgaza en verano y el vino queda un pelín más redondo y potente que la manzanilla, sin perder la punzada.

Vin jaune (Château-Chalon, Jura). Savagnin, sin encabezar —el velo se forma a su grado natural, ~14 %—, criado seis años y tres meses en barrica sin rellenar (sin ouillage). El voile francés es más fino y a trompicones, y en clima continental evoluciona más despacio y más oxidativo: su firma es el sotolón (curry, nuez, alholva), no la manzana verde. Se embotella en el clavelin de 62 cl, lo que queda de un litro tras seis años de evaporación.

Manzanilla (Sanlúcar)Fino (Jerez)Vin jaune (Jura)
UvaPalomino finoPalomino finoSavagnin
GradoEncabezado a ~15 %Encabezado a ~15 %Natural, ~14 %
VeloGrueso todo el añoSe afina en veranoFino, irregular
FirmaCamomila, sal, punzadaPunzada, algo más de cuerpoSotolón: curry, nuez

El reto: leer el velo en la copa

La cata

  • Fino o manzanilla joven: color pálido; nariz de manzana verde, masa de pan y almendra; en boca, seco de verdad, salino, punzante y corto de cuerpo pero largo de sabor.
  • Manzanilla pasada / fino viejo: el velo ha aflojado y asoman avellana, orejón y una estructura más seria, sin perder la base biológica.
  • Vin jaune: menos punzada, más curry, nuez y fruta seca.

El juego «Le Nez du Vin»

  1. Masa madre: panadería, levadura fresca. El olor del velo trabajando.
  2. Manzana verde: fresca y ácida, señal de juventud bajo el escudo.

Y un aviso: si huele a pegamento o a quitaesmalte, eso es acetato de etiloacidez volátil disparada—. Quiere decir que el velo se rompió y ganaron las bacterias acéticas. No es estilo, es defecto.

El servicio

Fino y manzanilla, 7-9 °C y botella recién abierta. Templados, la punzada se vuelve agresiva y la sal se aplana. Una vez abiertos, se beben en días, no en semanas: sin el velo que los protegía, se oxidan enseguida.

Cierre

Ya tenemos el suelo y el velo. Falta el tercer vértice: cómo la bodega mezcla miles de botas de distintas edades para que el fino de este año sepa igual que el del año pasado. La semana que viene, criaderas y soleras —y, de paso, el sol secando la uva para el Pedro Ximénez—.